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FIRST SHORT TALE CONTEST, THE “PIED À TERRE” TRAVELER.

June 12, 2019

 

ANNOUNCEMENT

 

PRIZES

BASES

Genre: Tale

Open to: Adult +18

Convener: PIED À TERRE

Convener country: México

1. The contest is open to all persons over 18 years of age with any nationality. The works must be original and have not been awarded in other contests. The maximum length is 3 pages.
The topic of the contest will be “traveler” (adventures, personal diary, stories, experiencies, culture, etc.). Each participant can send one or two tales, always in different deliverables.

2. Deliverables can be sent between July 1st and September 10th 2019, to the email address info@piedaterre.world with the following information: title and pseudonym, author, home address, mobile number and email contact.

3. The jury will be designated by Pied à Terre counselors who will be in charged to evaluate and check the literary value of each tale. The results will be announcned in the Pied à Terre blog (https://blog.travel.piedaterre.world/) on October 21st 2019.

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LA CIUDAD MAS BELLA DEL MUNDO

June 11, 2019

 

Cuento

Por:

Francisco de Paula León

 

Capítulo I

Era 2021 en la ciudad de México.

En medio de un caos diluviano, la metrópoli se había transformado en el nuevo eje gravitatorio de la tierra.
El carisma, glamour y cosmopolitanismo de Paris, Londres, Berlín, Venecia, Nueva York, Florencia, Roma, o Madrid de los últimos cien años —primogénitos herederos del siglo de las luces— en sus últimas décadas de gloria se habían ido infectado de las emanaciones decadentes de la historia.

La luz fulgurante del renacimiento europeo (que influiría en la creación de la versión pirata norteamericana del siglo XIX) se había ido obscureciendo a la par de la 
civilización occidental judeocristiana, que, víctima de su propio éxito no había atinado a actualizarce y renovarse afectando la pujanza e imaginación de los famosos centros del arte, la filosofía y las ideas científicas que por siglos habían monopolizado la cultura.

Atrás habían quedado las escuelas del pensamiento de Atenas, Frankfurt, Gotinga, Salamanca, Andalucía, Viena o Copenhagen, arrastrando con ellas, a los erásmicos renacimientos europeos que en el siglo XVI y XVII, sellaron un antes y un después de la inteligencia autoconsciente.

Ahí, las ideas, permanecían estancadas en los laureles de sus glorias anteriores. Almacenaban triunfos pasados, si bien arrinconados en la nostalgia de las aulas desportilladas de las universidades medievales, en las románticas salas de conciertos imperiales y en las paredes deslavadas de los pasillos de los museos paradigmáticos.

Cada día Europa olía mas a viejo y Nueva York, otrora un remolino iniciático de innovaciones en el arte, la cultura y los negocios, empezaba a proyectarse como un film sepia, que se acompañaba de una orquesta desafinada que producía evocaciones oxidadas de nostalgia.

Otras ciudades en el mundo habían intentado imitarla construyendo obsesivamente rascacielos, inmensos centros comerciales y Mc Donalds, como Hong Kong, Dubai, Pekín, Seoul o incluso, ya sin muro, el nuevo Berlín, descubriendo que esas urbes al final habrían resultado solo réplicas decadentes de imperios olvidados.

En la ciudad de México, a diferencia de lo que ocurría en el resto del planeta, la latitud y el contacto con la luz del antiguo valle del Anahuac, —para aquellos que arribaran con criterio abierto a la metrópoli— no obstante el desorden monumental que se respiraba—, adquirían una súbita lucidez que le contagiaba sin discriminación de ninguna especie, una suerte de empatía fraternal con sus congéneres. La gran ciudad, como ningúna otra, afectada de una epidemia de ilustración y de déficit de atención con hiperactividad generalizada, trascendía los dogmatismos de las afiliaciones ideológicas: el color de la piel, los patriotismos exaltados e incluso sin siquiera cuestionarlo, absorbía un respeto quasi sagrado a la riqueza y diversidad de las doctrinas religiosas.

Los perros amarillos callejeros, sin agobios existenciales, en su deambular por las calles parecían guardar un secreto hermético que tenia algo que ver con el fenómeno.
Entre otras maravillas, la inteligencia e ilustración, —en otros tiempos tan apreciada— de los migrantes extranjeros—maestros ultramarinos de latitudes agotadas—, ahora, parecía que se ensombrecia por años de insistir en la ideología lineal de su cultura. A su llegada a la ciudad de los Palacios —como una epifanía— luego de una exposición solar de un solo día, la luz de la ciudad los liberaba de sus prejuicios y ataduras racionales y permitía que en unas cuantas horas, incluso los niños hiperbóreos se escaparan de su rígido IQ estacionado por la tiranía de sus paradigmas culturales.

Esta noticia y circunstancia, al conocerse y propagarse por las redes sociales en el mundo, al principio con rigor académico, se desechó por los especialistas de los fenómenos inexplicables (acusándola de ser solo una leyenda urbana) para luego, orillados por el clamor creciente del consenso que crecía, decidirse a investigarlo utilizando el mas moderno método científico. El análisis, pese al exceptisismo académico, fue aplicado por las mas reconocidas asociaciones médicas y psicoanalíticas del planeta.

Así fue, como de un día para otro se gestó en México una migración nunca antes vista de familias posmodernas: millenials, generación X, hípsters, etc etc, quienes, a la manera de los gambusinos de las altas californias, esta vez en búsqueda de “lucidez” —en lugar de la vulgar ambición por el metal áureo— arribaban desde las regiones mas remotas de la tierra, esperanzados por encontrar, luego de un baño de luz azteca, un sentido trascendente a su existencia.

Así, no sin asombro, se observó la llegada de oleadas de migrantes que provençian de Europa del este, o las multitudinarias que se originaban en las bucólicas planicies (de afiliación de ultraderecha republicana) de los Estados Unidos de América.

Mientras tanto, en la ciudad de México, las grandes ideas, se incubaban, en las aulas magnas de las universidades oficiales, en los bares y restaurantes al aire libre, en las galerías de arte, los parques, los talleres literarios y en general en el espacio público urbano.

Entre otras expresiones culturales, llamaba la atención el lenguaje mural amplificado de las paredes olvidadas de los barrios que habían visto tiempos mejores… El grafiti, amplificaba por si solo el pensamiento. Ahí, el ánimo de la ciudadanía se contagiaba de una algarabía de metáforas de todos los colores. La innovación que creaba este fenómeno creativo propiciaba un maremoto de ideas revolucionarias incubadas por siglos en el inconsciente colectivo. Su genio, sin ataduras emergía y desafiaba el dinamismo y liderazgo de los destinos cultos del planeta.

El descubrimiento de la luz inteligente de la ciudad de México y sus consecuencias migratorias (la mayoría de estas ilegales) había obligado al nuevo gobierno a proponer la construcción de un muro ético de contención para frenarla. Luego de una consulta ciudadana, el nuevo gobierno (un tanto desbordado y desconcertado por su éxito), entre otras medidas ejemplares, decretó la pena de muerte por “enterramiento” que se aplicaría como un castigo fatal a quien, en cualquier modalidad osara practicar la discriminación en la metrópoli.

Para entonces decenas de miles de extranjeros inundaban al país, considerado por las calificadoras especializadas, —si bien el mas volátil para la inversion capitalista o especulativa del hemisferio— el mas feliz y cosmopolita de la tierra.

En este estadio de cosas Vladimir, un músico formado en las inclementes latitudes del frío bajo cero del Gulag siberiano, había encontrado en México (como en el siglo XIX le había ocurrido al emperador Maximilano) no solo la lucidez, la calidez, maleabilidad y flexibilidad del pensamiento, sino la inspiración para componer una extraordinaria canción que dedicó a una bella pianista indígena llamada Rafaela. La canción estructurada en contrapunto, fue estrenada un doce de octubre (el día de las Americas), por un ensamble de un guitarrón, una flauta de pan, un arpa veracruzana, una marimba y bajo continuo.

A la postre de unos días, la balada se volvió instantáneamente famosa en You tube (con más de cien millones de vistas), aunque cabe subrayar que muy pronto resultó por demás irresponsable para el mundo.

Cuando acordó Vladimir, enredado en la pasión de sus notas compuestas con pasión para Rafaela, a la par de la fama y el dineral que nunca había imaginado ganar toda su vida, se había perdidamente enamorado.

Este avatar, sin remotamente imaginarlo, sería el comienzo de un sueño, que en una sola un generación—como un reeditado manifiesto surrealista—cambiaría no solo el paisaje cultural de la ciudad de México, sino se extendería hasta cubrir la faz completa de la tierra.

Capítulo II.

Vladimir a la sazón de una borrachera de altos vuelos, trepó a la mesa haciendo una escala en una silla metálica, anclado en sus pesadas botas siberianas. Erguido, con una copa en alto de tequila, aplastó con torpeza los nopales que todavía quedaban en una ensaladera.

Esa noche, —de mal humor— la triste cena vegana, la había preparado Rafaela.
Tambaleándose, Vladimir, alargando su brazo, asido de una lánguida lámpara se dirigió solemne a sus amigos para exclamar con voz de profeta ortodoxo que clama en las estepas:
—¡ Hoy 33 de abril de 2021, día de mi cincuenta aniversario, declaró sin temor a equivocarme, que La ciudad de México es la mas sensual y bella del mundo!
Yo, agregó— esta vez con la voz quebrada de borracho y los ojos empapados, resultado de tristezas y resentimientos acumulados por sufrir cuarenta años socialistas—¡manifiesto! —, que en razón de mi trabajo como director de orquesta, si bien he vivido en todas las grandes urbes del planeta —en Leningrado, Dublín, Melbourne, Paris, Roma, Nueva York, Londres, Buenos aires y un largo etcétera— nunca he encontrado un lugar tan amoroso y feliz como esta querida metrópoli de México.
—Aquí, añadió, con cierta confusión introspectiva, se hace realidad la utopía.

—¡Es la misma utopía de mierda, tan huidiza, que los filósofos como Tomás Moro o Giordano Bruno, o los profetas y mesías falsos de la historia han proclamado siempre en palabras peregrinas sin lograr nunca nada, y es justo en México, en donde sin soberbia, grandilocuencia, se actualiza con la derrota moral a la cultura!
— ¡Salud camaradas y amigos mexicanos! —

Proclamado el brindis, luego de escuchar la interpretación de Ana Paula de las mañanitas en el piano, sin dejar morir la emoción de su solemnidad declaratoria, Vladimir, perdió el equilibrio y resbaló derrumbándose cuan largo era sobre la mesa endeble de madera.

—El accidente escenificó un grand finale de fiesta de cumpleaños. La catástrofe se acompañó de una buena porción de loza y cristalería despedazadas.

El estruendo despertó al vecindario “senior” de la calle Cuernavaca.

—Ocurría a las cuatro menos cuarto de la mañana.

Luego, en contraste al desaguisado, vino el silencio… quedó solo el inquietante clamor de las sirenas de ambulancias y el murmurar casi en secreto de la despedida avergonzada de Rafaela a sus invitados a la fiesta.

La memoria de la catástrofe, en el futuro, decretaría el aniversario apoteósico del nacimiento de lo que se conoció como, “la filosofía de la ciudadanía universal de Vladimir y Rafaela”.

Ana Paula era una joven estudiante y la mejor amiga de Rafaela de la Escuela Superior de Música.

Esa noche, la pianista se sentía descorazonada al presenciar el desaguizado capital de su maestro.

Vladimir, quien, como si fuera un rascacielos derrumbado—quitado de la pena roncaba plácidamente en el piso; Vladimir era nada menos que el afamado compositor de la cadencia contemporánea del concierto 23 de Mozart para piano y orquesta, que apenas hacía ocho días, se había estrenado por Ana Paula en el Festival de música austriaca en Bellas Artes.

Rafaela, afligida por el estado alcoholizado de su novio, le suplicó a su amiga que se quedara esa noche a dormir en su apartamento.

En la quietud fría de madrugada, junto a un Vladimir que roncaba en el piso perdido de borracho, Rafaela le confió en secreto a su amiga Ana Paula, que no obstante el ruso la había conquistado con la canción que había intitulado con su nombre, le fastidiaba la idea de representar el símbolo heroico de una Tonantzin universal, —la madre tierra— que encarnaba la idea grandilocuente de la maternidad sobreprotectora de sus edípicos hijos desvalidos; En la canción, Rafaela hacía el papel una especie de virgin universal de Guadalupe que abrazaba con amor incondicional a la humanidad entera.

El problema era que la canción evocaba una idea fastidiosa, que no correspondía ni con el perfil, la figura y mucho menos con las radicales convicciones feministas de Rafaela.

Ella, a contracorriente de la protagonista de la balada era una mujer fantasmagórica; quizás un tanto deslavada, liberal, socialmente tímida y sin ningún deseo fertil de tener hijos o de formar en el futuro una familia. La chica de pelo largo y ojos negros enormes, si bien era agraciada, odiaba ser protagónica en el ámbito sus relaciones personales. El texto monumentalmente cursi de Vladimir, exponía la idea grandilocuente de que por encima de todas las culturas, existía un espíritu femenino de fertilidad universal, que de acuerdo a la visión antropológica del ruso, se sintetizaba y definía en Rafaela.

Antes de dormir, Rafaela, todavía ocupada en poner en orden la hecatombe monumental de la cocina le confesó a Ana Paula la vergüenza abismal que la publicación en las redes de la canción le provocaba y que le resultaba ser devastadora en su mas íntimo pudor y sentimientos. La publicación, —como si fuera un bulling cósmico— la había obligado a ocultarse socialmente y dejar de asistir a la escuela de música a sus clases de piano semanales; Esa agonía, le confesó a Ana Paula, la orilló a odiar a Vladimir por la eternidad entera y pensar en cambiar su nombre de Rafaela para siempre.

Entonces, llorando, le mostró la letra de la canción escrita en seis versos tetrasílabos.

—Rafaela es Gaia, la madre del mundo…
—El ombligo creador del nuevo mundo es Rafaela,
—Todos somos Rafaela,
—Rafaela somos todos.
—Nadie en el mundo es diferente a Rafaela
—México, encarna el renacimiento del mundo en Rafaela.

Capítulo III.

Semanas después de la fiesta de su novio, Rafaela, abrazada por las llamas de un odio desbordado lo intentaba amainar con anxiolíticos. Entonces llegó al extremo de pensar en envenenar a Vladimir preparando un concentrado de aceite de toloache, paciflorine y belladona, o por lo menos desaparecer de su entorno para siempre.

—No pudo hacerlo.

Hacía unos meses, en un arranque claustrofóbico provocado por vivir en la casa asfixiante de su abuela, Rafaela cometió el error de pedirle doscientos cincuenta mil pesos a su novio para sufragar el enganche de la compra de su departamento en la Condesa. En esas circunstancias, atrapada entre la espada y la pared de su animadversión con Vladimir y su decencia financiera, no consideró correcto despedirlo de su casa hasta que no se lo pagara.

En esa encrucijada, lo que mas le podia en su ánimo a Rafaela era pensar, que sus amigos imaginaran que conmovida por la dedicatoria no solicitada de su estúpida canción seguía perdidamente enamorada del soviético.

Lo que finalmente ocurrió con el transcurrir de las semanas, fue que frente a la imposibilidad de liquidar la deuda contraída, a fuerza de la resiedumbre para afrontar la pesadilla de la convivencia cotidiana, sin encontrar una salida digna o quizás solo arropada por la inconsciente resignación propia del ahorcado, terminó por descubrir en Vladimir las virtudes mínimas para justificar seguir viviendo con el y tolerarlo.

La canción, originalmente escrita en un talante lírico, una vez en manos de los medios, las redes sociales, los influencers y los críticos ilustrados de los diarios, la habían sobreinterpretado.

Los filósofos trascendentales, los psicoanalistas metafísicos, los analistas literarios, los sociólogos marxistas; todos, sin excepción le atribuían al texto de Vladimir grandes elogios aparejados de significados engolados, que en realidad el compositor nunca había ni remotamente imaginado. Al leerlos y releerlos en las editoriales, después de conmoverse consigo mismo hasta el llanto, sin pudor, los aceptaba con humildad, argumentando que si bien él, no los había conscientemente explicitado en sus palabras y mucho menos en el entramado de sus notas musicales, su genialidad— a través de los años—, se había construllendo a fuego lento en el fondo profundo de espíritu.

Al final, su vision de la maternidad de la tierra, no era sino la semilla germinal de su inconsciente, edificado desde niño en la inclemencia de las estepas siberianas.

Para entonces, una hermandad de unos cien millones de Fans y subscriptores de Face Book, hipnotizados por el llamado trascendental de la balada a adopter a la madre tierra, se había ido viralizando por el mundo.

El milagro se centraba alrededor del milagro epistémico de las propiedades de la luz de la Ciudad de México, pero sobre todo, por la genial composición musical de Vladimir, que proponía la igualdad política, económica y social del ser humano representado en todas las razas, naciones y culturas, sintetizado todo esto en la esencia universal de Rafaela.

Capítulo IV.

Ana Paula, para entonces era una joven talentosa de 21 años, que al tocar parecía transitar por un territorio semejante al del realismo mágico, pero en la música.
Como un diapasón, era una joven sensible que poseía el don secreto de leer el fondo del alma de los músicos.

Entre otras excentricidades esotéricas, Ana Paula tenía la facultad paranormal de comunicarse con los pianos. Estos, mientras mas antiguos eran, mas concentraban historias inconfesables que contarle. Los pianos, en un lenguaje hermético (que solo ella comprendía), almacenaban en el archivo molecular de su memoria (de su madera y de sus cuerdas), las emociones, el romanticismo, las pasiones, alegrías, o tristezas de las vidas de los ejecutantes que los habían tocado.

El ritual de Ana Paula para entrar en communion con el instrumento consistía en hacer un primer contacto con el teclado, interpretando la Balada No 1 de F. Chopin, para luego simplemente acariciarlo, sentarse en posición de loto debajo de ellos, cerrar los ojos y abrir la mente y su espíritu para escucharlos.

Ella, en su intimidad, desde niña había descubierto este talento, escudriñando el piano de las generaciones olvidadas de su abuela, para luego, mas grande, repetir el mismo experimento, utilizando los famosos pianos de museo, que todavía sobrevivian y que los habían tocado compositores extraordinarios de otras épocas.

Ella, sin confesarle a nadie su secreto había probado su facultad paranormal en muchos instrumentos y teclados: en los pianos destartalados del Conservatorio nacional de música, en los abandonados en las bodegas de Bellas Artes, en los que le parecieron esquizofrénicos del sonido trece de Julián Carrillo y hasta en las anacrónicas salas de grabación de las grandes compañías disqueras registrados en la nómina de sus artistas legendarios. Estos, en México como Agustín Lara o Carlos Chávez y en el extranjero como A. Rubinstein o incluso Alma Mahler, revelaban historias operísticas, de amor y de conflictos pasionales asociados siempre con los mas destacados personajes, divas y directores musicales de su tiempo.

Los pianos, aseguraba Ana Paula discretamente a sus compañeros, guardaban, el acervo espiritual de los intérpretes, conservando en su esencia inmanifiesta una vasta colección de emociones arrebatadas de sus vidas. Esta experiencia, como ninguna otra técnica pianística, enriquecía la sensibilidad interpretativa de su estudio.
Esa noche, fortalecida con este bagaje histórico, luego de prestarle a Rafaela sus oídos durante horas de catarsis y por primera vez confesarle a alguien su don ocultista con los pianos, sin imaginarse la experiencia sobrenatural que sobrevendría le solicitó a su amiga, que le facilitara una cobija y dos almohadas para dormir esa noche debajo del piano antiguo de su novio.

El piano, un Stenway neoyorkino, como le informó su amiga, se lo había regalado un astrólogo perseguido desde siempre por el régimen soviético. El personaje al que se refería Rafaela, era en realidad un escritor futurólogo quien se había hecho internacionalmente famoso por anticipar en un solo libro que intitulo “La nueva utopia”, cada detalle del reciente descalabro del imperio comunista.

 

Capítulo V.

En poco tiempo, la filosofía universal de Rafaela, incubada bajo el embrujo desquiciante de la la luz de la Ciudad de México, alentó un pandemónium de acontecimientos trascedentes.

De un día para otro, en el horizonte cultural de la metrópoli apareció una espontanea banda de “millenials, que sin ninguna razón que se entendiera, se autonombraron los padres fundadores del manifiesto universal de “Rafaela”.

El movimiento y su proselitismo, sin excepción propugnaba por la erradicación de la totalidad de las afiliaciones, ya fueran estas, civiles, religiosas, naciones estado, sectas supremacistas o ideológicas de cualquier índole política o económica. Su oculta intención era evitar (como había ocurrido una y otra vez a lo largo de la historia), que estas obsesiones separatistas, como un espejo roto, cancelaran la unidad de todos los seres vivientes de la tierra.

En medio de la oleada de aire fresco de consciencia que creó el movimiento, en poco tiempo, como un espejo, en el mundo aparecieron publicaciones traducidas a todos los idiomas que mencionaban el fenómeno extraordinario de la luz inteligente y de Rafaela: best sellers, folletos, pasquines proselitistas, amén de una buena cantidad de artículos promocionales a la venta, como camisetas, pulseras, collares, llaveros o incluso calcomanías de tatuajes falsos adheribles; todos sin expeción, mostraban la iconográfica fotográfica de Vladimir y Rafaela, acompañada de la frase iniciática:

“Todos somos Rafaela”

Así, en solo unas semanas de locura, el departamento de Vladimir y de Rafaela se convirtió en una Meca paradigmática de los millenials; la mayoría de ellos extranjeros.
La manzana de su departamento, incrustada entre la arbolada frontera de las colonias Condesa y Roma, de un día para otro lució abarrotada de una suerte de peregrinaciones laicas, que por su forma ritual, asemejaban a las manifestaciones religiosas. — “Dios es laico “— gritaban con voz en cuello los manifestantes como un mantra epifánico mientras caminaban en son de protesta por las calles. Los reporteros de las cadenas transnacionales de radio, prensa y televisión y los periodistas de a pie, en un solo dia tomaron por asalto al vecindario.

Un Nuevo espectro ideológico nacía en el mundo.

Al amparo de su morbosa curiosidad, los reporteros acampaban a cielo abierto en los parques de la llamada república de perros; En las banquetas y los camellones aledaños como un Ashram improvisado, los periodistas equipados con sus intimidantes telefotos esperaban horas enteras para atrapar la fugaz oportunidad de fotografiar a Vladimir y Rafaela.

Ellos, sin desearlo o imaginarlo, como el rockero y luego premio Nobel de literatura Bob Dylan, se habían convertido en un abrir y cerrar de ojos en el símbolo paradigmático de una época.

—¡Llegó el fin de las naciones estado! —gritaba entre otros el líder (de cualquier nacionalidad) en turno de los jóvenes.

La multitud, como un responsorial de completas de cuaresma contestaba— ¡de las religiones, de las ideologías y del poder sagrado del dinero! —
Luego, emocionados, los manifestantes, imaginándose acampandos en la isla mística de Patmos, coreaban en una sola nota las últimas frases del apocalipsis, apelando “A una nueva tierra y un nuevo cielo”

Al bajar el sol, frente al crepúsculo citadino, Vladimir, envuelto en una improvisada túnica chamánica tejida en Chiconcuac, salía a la calle arbolada de Cuernavaca, y a la manera de un himno heroico de la revolución bolchevique, entonaba por enésima vez la pegajosa canción de Rafaela.

Para emperorar las cosas, un artículo que publicó el New York Times, creó un eco trascendente en otras latitudes, postulando la idea de que en México se había cumplido una vieja y extraña profecía nacida a principios del siglo XX.

—¡Había arribado por fin la Raza Cósmica!—

El artículo de extensión minimalista, apelaba a un texto moribundo, que cien años atrás había escrito un prohombre nacional que se le conoció como Vasconcelos.
“El maestro”, como se referían a él la gente notable de su tiempo, había sido un modesto intelectual, sin embargo en México considerado como una especie de Hermes Trimegisto.

La investidura oracular de su memoria conjuntaba en una sola, la triada axiológica de Shaman, intelectual y sacerdote.

En esta tesitura, los afiliados al movimiento trascendental de “Rafaela” les daba por proclamarse públicamente “bendecidos” y de alguna forma inexplicable “epifánicos”; eran según sus fundadores, la punta de lanza evolutiva de una nueva especie humana que emergía, y que en su confusion la definían como la del “ homo sapiens, sapiens, sapiens “ (aquel que es consciente de que es consciente de que es consciente).

De acuerdo a estas digresiones, la dialéctica doctrinal del movimiento de Rafaela emergía como el resultado de milenios de evolución del ser humano y de la necedad histórica de insistir en replicar el modelo y la construcción de civilizaciones disfuncionales.

La nueva mujer y el nuevo hombre—aseguraban—equipados con la herramienta metamoderna de Rafaela, dejarían atrás el oscurantismo dialéctico y las fallidas ideologías idealistas en el pasado.

Vladimir en este estado desquiciante, denunciaba la discriminación de las supuestas razas dominantes, amén de los dogmatismos de las religiones incuestionables que en el pasado habían alentado el abuso del poder, concentrado en las élites siempre enmascaradas de ogros filantrópicos. Acusaba que eran estas en realidad teocrácias disfrazadas, que a menudo monopolizaban el pasado, futuro y pluscuamperfecto de las consciencias tradicionalmente restringidas.

Con esta obsesión los “Rafaelos” como mas tarde los apodaron los medios críticos, se plantaron a protestar en huelga de hambre, estacionados en el umbral de los edificios que albergan toda suerte de abstracciones: las iglesias, las catedrales, los palacios municipales y hasta en las sucursales profanas de los bancos (amén de los planteles de algunas universidades elitistas), acusándolas de promover el enfrentamiento de todos contra todos los seres humanos de la tierra.

Así las cosas, en la otrora ciudad de los palacios comenzaron a ocurrir acontecimientos asombrosos. En el ámbito teológico, los manifestantes presionaban a las iglesias confesionales, —muchas de estas ya sin feligreses— a abrir sus puertas doctrinales, para que animados de un espíritu ecuménico y sin importar las denominaciones exclusivas, celebraran en sus recintos cualquier variedad de ritos religiosos.

Muy pronto, lo impensable, se convertiría incluso en rutinario.

En un solo día la Catedral Metropolitana de México, podía transformarse en una Sinagoga y permitir la celebración de un Barmitzva, acompañado por lo mas granado de la comunidad israelita de México. La villa de Guadalupe, como un caleidoscopio teológico al amparo de la tutela amorosa de la virgen se podría de pronto transmutar en una Mezquita, pudiéndose escuchar desde el campanario el llamado de un Moecín azteca, que llamaba a la oración a los fieles seguidores de Mahoma. Ahí, los musulmanes postrados con sumisión y humildad hacia la Meca investían La Plaza Mariana de un blanco inmaculado. En otros recintos neoclasicos, tomando como un ejemplo a la Profesa, después de una misa concelebrada de tres pádres y canto greogoriano, la jerarquía eclesiástica abría un espacio para escuchar una sesión de espirituales africanos acompañados por un contingente homogéneo y uniformado de traje y corbata de mormones.

Inspirado por estos “happenings” incluso el nuevo Papa de Roma, en un gesto inusitado de universalidad, eligió a la Ciudad de México para celebrar un concilio “ Urbi et Orbi “ para intentar empoderar a lo que percibía era un creciente catolicismo latinoamericano a la deriva. Así, en un arranque de generosidad, su santidad, incitó a toda la grey universal de las religiones a hacer los mismo que ocurría en México, invitando a todas las denominaciones religiosas para que reconciliaran la diversidad de sus doctrinas, rituales y catecismos en una sola y sincrética teología.

En el terreno político, la invasión de los Rafaelos en la vida pública, convenció a los científicos políticos, primero en México y luego en el mundo de los gimnastas intelectuales y los libros, para eliminar de una vez por todas la figura del poder ejecutivo.— en su irreverencia se referían a la mismísima investidura del presidente de la república o primer ministro—También en esa misma linea de pensamiento, decidieron en virtud, que la democracia (la tiranía de las mayorias) había espectacularmente fracasado, se sustituyera a los politicos y a sus organizacones y partidos, por un cerebro digital que unilateralmente decidiera los destinos trascendentes de la patria.

De acuerdo a ellos, el líder máximo de una nación, a estas alturas, representaba solo una reliquia de una proyección paternalista cuasi arqueológica del ser humano. Esta, en el fondo no era sino una figura subliminal de una jerarquía antropológica machista producto de una neurótica si bien inconsciente autoridad ancestral monoteísta.

Con esta inercia, una nueva generación de “Rafaelos” a cual mas de brillantes, sin ningún otro poder, que la persuasión de su inteligencia y lucidez sobre la de quien fuera, convenció a los líderes políticos de Washington e incluso a los militares tradicionalmente cuadrados del Pentágono, a que devolvieran a México los territorios robados de Nuevo México, Texas y California.

México, ante el asombro del mundo, de la noche a la mañana se convirtió en una potencia mundial sin armamento.
En su turno, la eficacia y superioridad en el desempeño económico del movimiento era envidiable. Por ello, a “los universalistas” o como se les terminó por llamar a la generación “X” se atrevieron a cuestionar la existencia misma del dinero, (incluyendo los revolucionarios bits-coins) promoviendo en su lugar la práctica mas antigua del trueque.

Así, se observó que en los tianguis comerciales de los mercados populares, se podría encontrar — en un solo espacio—, a un médico ofreciendo consultas a cambio de los servicios de un arquitecto. A un músico cambiar su arte por un sencillo plato de lentejas o el de una canasta de frutas de una marchanta que la negociaba por un guiso esquisito de espagueti. El trueque en lo general reducía la demanda creciente del papel moneda y con ello la abusiva intermediación de los banqueros, de la burocracia y el gobierno. El valor agregado del intercambio, a diferencia del modelo del dinero, propiciaba una vituosa espiral de igualdad, tolerancia, justicia y cooperación entre la gente.

En lo social, las juntas de vecinos de las colonias, a la manera de una versión moderna de los soviets bolcheviques, se organizaron para crear comunidades limitadas, compuestas de siete mil habitantes cada una. El número no era arbitrario sino exponía una profunda justificación socio- antropológica.
En otras esferas de la vida mexicana, la epidemia de lucidez se extendía al ámbito artístico y científico.

En estos días, llamó poderosamente la atención una hazaña conquistada por un joven de dieciocho años egresado de la prepa 5 del gobierno. El muchacho—autodidacta—, descubrió por si solo, la relación existente entre los fenómenos cuánticos de lo infinitamente pequeño—imposibles de escudriñar—, con las leyes de las grandes distancias, masas y velocidades relativas. A la postre su investigación intuitiva, le permitió por primera vez en la historia, resolver la hermética relación cuasi ontológica entre el flujo continuo de la electricidad y el magnetismo.

El joven mexicano ganó el premio Nobel de física.

Capítulo VI.

Todo fluía excelente, hasta que un oscuro historiador surcoreano llamado Kim-Yo (el clásico intelectual escéptico y aguafiestas) se aplicó a estudiar los antecedentes civilizatorios del fenómeno cognitivo mexicano.

Para fundamentar su investigación, escudriño los parteaguas históricos de la evolución fundamental de la cultura desde Mesopotamia hasta Grecia, Roma, Italia, la Gran Bretaña, España, Sílicon Valley etc etc etc. para descubrir en la luminiscencia y su impacto en la neurofisiología humana de la corteza cerebral, la existencia de una constante cognitiva; una suerte de algoritmo biológico que identificaba con asombrosa exactitud los ciclos epifánicos que coincidían con el fenómeno de la luz inteligente mexicana.

Descucrió así, que el súbito fenómeno del despertar de la consciencia, no era culturalmente específico de Valle del Anahuac. Este, advirtió, con una periodicidad asombrosa, ocurría cada trescientos cincuenta años en las diferentes regiones geográficas, que en su tiempo cognitivo habían sido las más notables de la tierra. El fenómeno en su más alto zenith de eficacia, —de acuerdo a sus predicciones matemáticas— no duraría mas de veinticinco años en México. Luego, con la misma parsimonia, anticipaba, que la luz, se alejaría de México y movería su influencia hacia las latitudes inhabitadas del océano. Caería entonces sobre México un eclipse entrópico, aparejada de una profunda decadencia radical del intelecto. Esta noche oscura del alma, en contraste con el despliegue de la luz inteligente, instalaría un nuevo medioevo del espíritu.

Su recomendación luego de publicar a los cuatro vientos su descubrimiento, fue el de crear una reserva estratégica de inteligencia para el futuro. La reserva, —advirtió— permitiría a los mexicanos, estar preparados para cuando llegaran las vacas flacas de la sequía de la lucidez y la conciencia.

La recomendación del científico al final se instrumentó aprovechando los prodigiosos avances de la ciencia: especialmente el de la inteligencia artificial y sus algoritmos. Como un Frankestein contemporáneo, el diseño de la reserva, se retroalimentaría en un Sistema de memoria para aprender por si mismo sin mediar ningún juicio humano en su experiencia. El mecanismo funcionaría como un cerebro digital (antidemocrático), que permitiría construir una consciencia amplificada de las ideas y del camino a seguir (sin la intervención de los politicos), que en el futuro llegado el momento de la crisis, le permitiera al país conservar el liderazgo humanista de su espíritu.
Simultáneo a esta profecía devastadora, un grupo de escépticos, entusiasmados por el éxito económico de lo efímero, sin entender la profundidad y riqueza de la tesis universal de Rafaela, confundidos quizás por la proyección inmediata de sus claroscuros filosóficos— crearon un grupo sectario que se autoproclamó en inglés: “ The Brown Supremacists “ alegando que la estatura espiritual de la filosofía de Rafaela, colocaba a los residentes de la ciudad de México en un nivel superior de capacidades promedio cognitivas.

Para entonces, Vladimir, abandonado a su suerte desde hacía tiempo por su novia, anticipó sumido en la tristeza, —como ocurría en el surgimiento y caída de los imperios—, que en México, luego del renacimiento efímero de lucidez se había iniciado lamentablemente un retroceso.

El ruso, deprimido y decepcionado de la vida y de su sueño encarnado en Rafaela, —impulsivo como el era— eligió la vía fácil del suicidio.

Capítulo VII.

Cuando llegó la primavera del 2025, no obstante la proyección malintencionada del asiático, México, destacaba ya entre las naciones como una potencia humanista. Su poder de empatizar con las diferencias culturales lo colocaba a la vanguardia en las disciplinas de la inteligencia artificial, las neurociencias, la arquitectura, el arte pictórico, la música la ciencia y el espíritu.

Para entonces, la geometría urbana de la megalópolis había cambiado.

Todo se había iniciado partir del diseño de un proyecto concebido por los mas famosos urbanistas, artistas y futurólogos del orbe. El proyecto, bautizado como “La ciudad mas bella del mundo” se creó a partir de la convocatoria a un concurso internacional de arquitectos, historiadores, sociólogos y artistas destacados, quienes frente a la ciudad mas catastrófica de entonces, concibieron una metrópoli impresionante: de parques generosos, lagos, bosques y rios liberados de drenajes entubados, ahora fluían en torrentes de cascadas de agua cristalina. El arte jugaba un papel fundamental en la vida diaria de la metrópoli. Se había edificado una ciudad en la que ya no eran necesarios los automóviles y el transporte público se restringía al área funcional de los habitantes.

El plan, entre otros milagros había logrado rescatar el gran lago histórico de la antigua Tenochtitlan, la capital original de los Aztecas. El lago, se extendía hasta lo que otrora había sido la Colonia Roma y la Condesa—, y alrededor de este, como una nueva isla de Utopía, giraban los “clusters” de comunidades afines en el trabajo cotidiano. Estas, además de su eficacia funcional y Sistema de autogobierno societario, gozaban de la visión de una creación verde de la llamada “región mas transparente”. Esta, como un lente impecable permitía observar desde cualquier ángulo, la vista monumental de los volcanes.

El problema central que se avecinaba para entonces era, que el poder concentrado en todos los ámbitos en los últimos veinticinco años de lucidéz, amenazaba con producir los mismos hierros tan recurrentes de la historia.

Para entonces, la influencia y corrupción de los políticos había pasado a ocupar un indeleble lugar en los anales vergonzosos de la patria. Ahora los antropólogos sociales, como una curiosidad los estudiaban y clasificaban con nombres latinos como el resultado de una etapa subhumana, anterior a la evolución filogenética de la inteligencia autoconsciente.

Para entonces, muy atrás en el tiempo (sin recobrar), había quedado la memoria del inolvidable cumpleaños de Vladimir en el que en esa legendaria celebración, había nacido la filosofía universal de Rafaela.

En esos días, un violento acontecimiento conocido en los periódicos como el “ Krakatoa mexicano” cambiaría la vida de los últimos cincuenta años de México.

Capítulo VIII.

El rugir del temblor que surgía del centro mismo de la tierra, comenzó a las cuatro treinta de la mañana.

La explosión al principio lejana, asemejaba a la de cien bombas nucleares detonadas al unísono.

El meteorológico —en tono de tragedia—, anunció en los altavoces urbanos que se avecinaba una catástrofe mayúscula.

El volcán Popocatepetl y el Ixtacihuatl luego de habitar milenios en un sueño detenido, despertaron entre erupciones y terremotos el nacimiento de nuevos volcanes nunca antes vistos que orquestaban un requiem apocalíptico de tragedia.

Por su intensidad, la pesadilla, entre movimientos de tierra espasmódicos se convertía un tsunami abismal de rocas, lava y fuego que crecía y que amenazaba sepultar a la la ciudad mas bella del mundo para siempre.

La catástrofe anunciaba el trágico fin de la utopía.

La vida y la historia milenaria del Valle del Anahuac, que albergaba a veinticinco millones de seres humanos, terminaba.

Luego de una lluvia copiosa de toneladas de meteoros acompañada de fuego huracanado, la otrora ciudad de Moctezuma y los Palacios quedó sepultada entre los escombros.
El paisaje desolador asemejaba a un cementerio de dinosaurios prehistóricos.

Solo se asomaban los cadáveres humeantes de algunos monumentos paradigmáticos.

El silencio, sin piedad, en solo algunas horas, avasalló a siglos enteros de cultura.

Un réquiem de luces laterales y frío seco custodiaban al panteón mas grande del mundo.

El tiempo soleado de la lucidez mexicana había fatalmente terminado.

La fecha marcaba el primer dia del solsticio de primavera.

Capítulo IX.

Cuando entreabrió sus ojos, Ana Paula, —todavía acostada bajo el piano—, horrorizada por la catástrofe que su mente y corazón experimentaban, no sabía si soñaba o vivía en realidad una espantosa pesadilla.

Esa noche, sin saberlo, había vivido una vida de cinco lustros años en doce horas justo para realizar que era inminente que se le venía encima una montaña criminal de lava y fuego.

La pesadilla acompañada de una obertura wagneriana de su espíritu, era el delirio de realidad virtual que había vivido mas espantoso de su vida.
Para entonces Vladimir y Rafaela, instalados en una realidad alternativa a la de Ana Paula, como si nada hubiera pasado, quitados de la pena desayunaban café, jugo de lima y corn flakes en su comedor destartalado.

Ana Paula, todavía temblorosa y un tanto desquiciada, no entendía en ese instante, cuales de las historias que había vivido eran verdad o imaginadas. —La luz inteligente de la Ciudad de México, la filosofía de la canción, de la ciudadanía universal de Rafaela (que había creado el proyecto de la ciudad mas bella del mundo), o incluso el sentimiento expansivo de odio reconcentrado de Rafaela por su novio, que en su amargura lo había orillado hasta el suicidio, ahora, se percataba que habían sido episodios de una realidad alternativa, a la vez reales y alucinatorios de su sueño.

Una vez frente al desayunador, intentando contener la abrumadora ansiedad que la embargaba, luego de ofrecer los buenos días a Vladimir y Rafaela y temblorosa comunicarles que había experimentado una horrible pesadilla, decidió confirmar con Vladimir lo que la noche anterior le había comentado a Rafaela. Le preguntó a quemaropa si sabía quien había sido el anterior propietario de su piano.

Vladimir, sorprendido, le confirmó que había sido su amigo, Dimitri X, un afamado astrólogo ruso fallecido hacía diéz años, quien había sido una especie de Rasputín reeditado en la Unión de las Repúblicas Soviéticas y Socialistas. Fué un pobre hombre, le dijo, que vivió toda su vida exiliado y que a salto de mata, llegó a México en la misma época de Trosky. —Él, añadió pensativo Vladimir, desde su juventud había sido perseguido por Stalin, para luego volverse internacionalmente famoso por anticipar el futuro de la Rusia comunista, consignado en un libro profético que intituló “ La nueva Utopía “—

El libro,—le dijo— en forma admirable, predijo con fechas exactas y datos históricos precisos la decadencia y bancarrota moral de la doctrina comunista.
—Todo lo que el atsrólogo anticipó, se cumplió al pie de la letra, le aseguró Vladimir a Ana Paula pensando un tanto nostálgico en su viejo amigo.

Ana Paula, sorprendida hasta el tuétano de su espíritu, respiró unos segundos… Luego, estallando en una catarsis de carcajádas, le dijo intentando ser categórica:
—Esta noche maestro, el espíritu de tu amigo y de tu piano, me relataron la historia futura que vendrá en este siglo de la ciudad mas bella del mundo.

Ana Paula, repasando la historia que recién había vivido en su sueño, bebiendo un jugo de lima, se desembarazó del fardo de la angustia mortal que la embargaba, para confirmar y hacer consciente— una vez más— que todo lo acontecido había sido aparentemente una quimera. Tenía sin embargo, la extraña certeza que en otra dimensión desconocida del tiempo y del espacio su sueño había verdaderamente ocurrido en la forma de una realidad alternativa.

Mas tranquila, esta vez sin despedirse, salió a la calle para observar la primera luz de primavera. Ese día, el sol se filtraba en clarooscuros entre las floraciones recién nacidas de jacarandas.

Las flores azules sonreían en contraste con el desorden monumental y el ruido de la hora pico del tráfico.

Ana Paula, pensando en las grandes urbes culturales del planeta, frente a la catástrofe urbana de la Ciudad de México y una ingrata multa de tráfico insertada en el limpiabrisas de su escarabajo (Wolks Wagen), decidió suspirando hondo y agradecida con la vida, que aún sin golondrinas, nunca antes la había observado tan bella.

 

FIN.

 

Culture

The Way of St. James

August 20, 2018

Since the pre-christian era, “El Camino de Santiago” has been for more than 2000 thousand years, the most emblematic pilgrimage and a travel experience in the world to achieve enlightment, self- knowledge and purposse in life.

For this very reason the Shell, that for centuries were used by the travelers who follow the Milky Way up to the end of the world in Finisterre, to take and drink wáter from the rivers, represents the everpresent question of any human being to dilucidate his or her existencial and fundamental anxiety of their purposse in life.

The Santiago´s road, coming from different parts of the ancient world, has been until today, traditionally full of lodges, specially constructed and devoted for the attendance of pilgrims, and are until today famous for their special mystic beyond its economic revenue to provide assistance and hospitality for them.

For this very reason “Pied a Terre” as part of its Brand design, borrow and adopt the iconographic symbol of “El Camino” as the way to announce the special philosophy of our company to provide our hospitality fundamentals beyond the pure provision of our lodging facilities.

At the end, in Pied a Terre, we believe that life is a never ending journey which deserves the possibility of this self knowledge enlightment.

With this idea in mind the inaugural emblematic routeof Pied a Terre is the road of Santiago (which every year is crossed by thousands of people from around the world), and we presented to our affiliates with our highest recomendation to experience it.

You can contac us and reserve now, which possibly be the most important journey of your life.